Cuando hablamos de fiabilidad no nos referimos a un sello ni a un número. Nos referimos a cosas verificables: recetas que hemos cocinado antes de publicarlas, piezas que hemos comprado en lonja y limpiado en casa, y errores que hemos corregido después de probarlas. Si una receta pide corvina fresca y tú tienes tollo descongelado, lo decimos: el resultado cambia y no vamos a fingir que da igual. Tampoco publicamos tiempos de reposo pensados para un clima frío cuando la mayoría de nuestros lectores cocina a treinta grados.
Hay temas donde preferimos no opinar. No damos consejos médicos sobre consumo de marisco, no recomendamos marcas de utensilios por acuerdos comerciales y no publicamos calendarios de veda sin contrastarlos con fuentes de lonja. Cuando una técnica depende de la especie, del arte de pesca o del tiempo desde la captura, lo escribimos así, con la condición incluida. Preferimos una nota que reconozca sus límites a una receta que prometa lo mismo con cualquier pescado.